No es difícil empezar a escribir algo cuando te ponen las cosas fáciles para que lo hagas. Dos minutos, y el blog está hecho. He elegido el verde, porque es del color que pienso poner las cosas, no hay otra razón, así que me ha parecido totalmente adecuado para el caso. Pero no quisiera desviarme demasiado de lo que quiero que sea este primer tema.
Más de una vez he dicho que odio la postmodernidad, estoy seguro de que quienes me conocen, saben de mi opinión, si no la comparten. La sociedad actual me parece decidida a seguir su propio camino de aniquilación intelectual, viento en popa, a toda vela, con remeros, motores e incluso sonriendo. Pero vayamos despacio. Es cierto que estamos en el momento de la historia en el que gozamos demayor capacidad de acceso a la formación y a la cultura, eso es innegable. También es innegable, que la sociedad actual acumula un nivel de conocimiento nunca visto hasta ahora. No me parece necesario intentar argumentar esto, es suficiente con mirar los índices de alfabetización de la población a lo largo del tiempo para percatarse de esto. Pero ojo, también hay una cosa que debe quedar clara, y es que me estoy refiriendo a la sociedad en la que vivo. No voy a tratar aquí de mezclar churras con merinas. Hablo de la sociedad occidental actual. Diré más aun, de la sociedad española actual, en tanto que no sería capaz de extrapolar lo que veo y siento a otros entornos por parecidos que sean, aunque sospecho que sería perfectamente aplicable, ya que puede que en realidad no es posible aislar totalmente una sociedad, ya que en el fondo se trata del conjunto que formamos todos.
Sigamos centrando el tema. Si reconozco que en términos absolutos, la situación en términos culturales, podríamos decir que es mejor de lo que lo ha sido nunca a nivel de extensión, ¿qué es lo que falla? Pues precisamente lo que nos ha llevado a mejorar constantemente esta situación, el afán de mejora y la educación. No quiero ser catastrofista, nada más lejos de mi intención. Creo que la educación es mejorable, sí, y sobre todo, creo que va de mal en peor. Pero es una cuestión de política y de sistemas, en algún momento se encarrilará, y la cosa volverá donde debe estar.
La cuestión que me preocupa, no es está en el lado de quien educa, sino en la de quien es educado. Utilizo la palabra educar, ya que me proporciona un margen lo suficientemente amplio como para cumplir con mi propósito. No me refiero únicamente a lo que se aprende en una escuela, o lo que le enseñan a uno sus progenitores. Me refiero a lo que se aprende por el hecho de vivir en una sociedad, acotada tal y como lo he indicado al principio. Aprendemos sin cesar por el simple hecho de hacer las cosas. Aprendemos de todas nuestras experiencias. O al menos, así debería ser. Pero en ese proceso que trato de describir, juegan un papel fundamental los principios sobre los que está cimentada esa sociedad.
En ocasiones se les llama valores, aunque tampoco quiero casarme con una palabra, ya que puede que en algún momento vaya más allá del significado de la misma. Pero en cualquier caso, su significado se aproxima bastante a lo que trato de plantear. En la sociedad en la que vivimos, existen muchos conceptos, situaciones, actitudes y acciones que son buenas o malas, recomendables o no y replicables o censurables, en función de un conocimiento general que nos describe lo que comunmente aceptamos al respecto. Valores. Los valores pueden estar fundamentados en muchas cosas, pueden tener su origen en muchas formas de pensamiento filosófico, religioso o simplemente costumbrista. Pero esos valores, difundidos en toda la maquinaria propagandística de la actualidad, llegan a todos y cada uno de los individuos que conforman la sociedad, quiera o no. Y quiera o no, también, le influyen, de forma evidente, pero a veces también de forma sutil e imperceptible. Es por eso que me preocupa, más que lo que me pueda preocupar un sistema educativo mejor o peor.
Evidentemente es posible utilizar bien estos valores, y en general estos suelen estar fundamentados en mejorar nuestra sociedad, pero en un mundo complejo como el nuestro, es fácil caer en la tentación de primar lo fácil por delante de lo conveniente. ¿Cómo hemos llegado a un mundo donde cada vez la educación está más extendida? Porque sabíamos que era bueno, conveniente, necesario. Pero, ¿seguimos en la misma tesitura? Es una pregunta espinosa. Sí seguimos en la misma tesitura, pero estamos dispersos. Creo que para poder evolucionar, es necesario tener objetivos y al menos en general, hace falta intentar llegar a ellos, si no sirven de poco.
Hoy por hoy, formar individuos cultos, parece no ser lo interesante. Me gustaría realizar una precisión, cuando hablo de cultura, no hablo de inteligencia. Parto de que todos somos inteligentes, y por lo tanto, todos estamos capacitados para alcanzar un determinado nivel de cultura. No se trata de obtener genios, la naturaleza dictará eso, sino de generar individuos cultos. Evidentemente, el poder, el dinero, la influencia, todas estas cosas han existido y existirán siempre, como no, entre lo que un ser humano ambiciona. La salud, y derivando de ella llevar una vida sana, constituye un valor fundamental. Pero a medida que profundizamos en lo que a las personas les interesa hoy en día, empezamos a ver muchas cosas un tanto más superficiales, que copan puestos de importancia en la escala de valores puede que no de forma reconocida, pero al menos sí en la práctica.
Hoy por hoy, la gente sabe leer, pero no lee. Hay quien lee, pero jamás lee nada que le haga pensar. Hay quien considera mucho más importante cultivar aficiones fundamentalmente ociosas, y no concebidas para el enriquecimento personal. Y eso me parece preocupante. No se trata de generar un mundo de pintores, lectores, músicos y ascetas, no entendamos mal. Se trata de crear una sociedad, donde se reconozca el valor de las cosas, de hacer ver a quien está siendo educado, qué cosas debe fomentar y qué cosas son puro artificio. Ninguna debe sustituir a la otra, ya que qué sería de nosotros si no pudieramos distraernos. Pero debemos tener claro que es importante que como individuos nos enriquezcamos. Cómo encontrar el tiempo necesario para hacerlo... eso ya es otra historia, de la que me gustaría hablar otro día.
domingo, 21 de febrero de 2010
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